sábado, 31 de enero de 2015

MEMORY



Te das cuenta de lo que estás mirando? No, no lo sabés. No tendrías forma de saberlo, claro, si las cosas se dieron con la arrolladora gracia de los trenes, estruendosos y a la carrera, allá a lo lejos; y creíste escuchar la sirena cuando te ibas a dormir, creíste haber sentido el temblor de la locomotora vibrando hasta la cama, pero no podías saberlo de todas formas, de ninguna, casi, a menos que hubieras estado ahí, ahí dentro, encauzado en los vagones, viviendo el recorrido sísmico del que ahora ves las grietas. No, no podés culparte. ¿Cómo ibas a saber, vos que te ibas a dormir temprano para levantarte al amanecer para ir a estudiar, que allá a lo lejos las cosas se crujían y se desvanecían en las noches? Ahora, mirando el vacío que hay dentro de las fisuras, no hay razón para asumir culpas de nadie. El tren pasó, y se fue; quizás estuvo programado en algún lugar e incluso hubo pasajeros que se subieron además de la carga y quien se habrá fugado, tal vez también hubo colados y algunos ladrones, ¿cómo negarlo, si pudo haber pasado cualquier cosa, si vos no viste nada? Una estación que partió del pasado, del momento con destino a la noche, a las estrellas, a su deslumbrante olvido. Quizás, pero vos podés todavía ver la noche y los rastros del camino; pero la carga, los colados, los ladrones y la locomotora rabiosa que pasaron ya no pueden verte más, ¿o sí?

Pensar si algún pasajero dio vuelta la cara hacia la casa donde te acostabas temprano, si los que se colaban pensaban en tu amanecer o si algún ladrón pensaba en lo que el tren te estaba llevando; pensar si quien se daba a la fuga en ese tren estaba pensando en vos, o si te le ocurriste en algún momento, por ocurrencia, o por desastre. 

Basta, suficiente, demasiado. Levantate, dejá de gritar y secate las lágrimas; no vale la pena reclamarle a los rieles por los recuerdos que se escaparon en el vagón, los trenes son sordos, no te van a hacer caso. Ellos están atados al tiempo y la herrumbre, hacen su recorrido en secreto con sus horarios impredecibles sin falta alguna en ningún andén, ellos cargan y llevan; no te van a escuchar. Pero como en todos los trenes, todo lo que sube, tiene que bajar. 

Destino: la noche, las estrellas y el olvido; por favor enseñe su ticket al vigilante del vagón, esté atento a las distintas paradas, no vaya a pasarse ni perderse de estación. Quizás algún viajante, algún paquete seguirá rondando por la sombra más allá del sol, quizás los rumbos de todo sigan mezclándose, quizás, a media madrugada o acostándote temprano vuelvas a encontrarte con uno de estos recuerdos que se fueron, quizás alguno se quede a tomar un café o te muestre las fotos de la familia que formó en el extranjero o se pague un asado para los pibes. 



Sólo en ése instante puedo permitirte que llores, no mucho, sólo un par de lágrimas de flor, en el momento justo de decir –“¡Qué bueno volver a verte, qué bueno haberte conocido!”-

No hay comentarios:

Publicar un comentario