lunes, 29 de diciembre de 2014

EXPERIMENTO SOBRE EL MIEDO

...

No es tan fácil como describir el miedo mismo o la situación que nos lleve al escalofrío. Hay algo más ahí atrás de la puerta que nunca se abre, del cuarto oscuro al que nos quedamos mirando, de los ruidos del techo cuando oscurece y las calles a la hora de no estar.

Hay algo más. Siempre hay algo más, y eso lo sabemos. 

Es ahí donde el miedo se empieza a mover y nosotros dejamos de hacerlo. Porque la máquina tiene más engranajes que el súbito ridículo en el que habitamos nosotros; oh, hay más, y nos rodean, sabe? Sí, están por todos lados, ya uno no puede escaparse del movimiento alterno de los dientes prójimos. Porque sí, no es tanto el desvarío cuando se pone sobre la mesa lo que uno puede hacer, pero nos enloquecemos cuando nos asomamos a la ventana de lo que ellos pueden hacer

Uno puede llegar a conocer sus propias limitaciones y planear dónde posar los pies el siguiente cuarto de hora; pero cómo podemos llegar a saber dónde se meterán las manos de aquél, de ésa, de ellos? No podemos meternos en sus sesos ni en sus cuerpos, y en medida alguna podemos saber a ciencia cierta las puertas exactas. Uno sabe que no puede saberlo porque puede verse a uno mismo y ve lo que oculta, lo que decide y cómo usted se mueve con o sin el conocimiento/consentimiento de los foráneos. Qué, no pueden ellos hacer lo mismo?

Argumento que nos desembocaría inminentemente en la paranoia y el delirio, si le damos las vueltas suficientes al asunto. Usted, se lo digo a usted, pruebe una noche dejar la ventana abierta y siéntese a observarla, quédese mirando el hueco negro desde las diez de la noche hasta que se cuele el amanecer, y durante ese tiempo, además de mirar, dedíquese también a pensar qué puede llegar a pasar del otro lado. Qué puede pasar, que usted en ese momento no puede ver. 

Pero no sea blando, atrévase a preguntarse ¿por qué?, y sobre todo, ¿por qué no?

Si después de terminado este ejercicio y haberlo repetido dos o cinco veces, no se le mueve un pelo al pensar en dejar la ventana abierta durante las noches, pues, o bien hay que felicitarlo por su optimismo o a sus efectivos de seguridad por su salario. 



En caso alguno, no dejaremos de contemplar la posibilidad de un movimiento exterior vedado al alcance de los sentidos (nuestros sentidos); porque si llegáramos a admitir la ausencia de éste, no cabría más que auto-catalogarse de ladrillo o heladera.

viernes, 19 de diciembre de 2014

BARRO EN EL FONDO



La calle no se había vaciado del todo, se podían ver algunos entes boyando por las veredas de enfrente, pero ese terreno que pisaba seguía siendo un páramo desierto adornado con los postes secos de luz que crecían junto al boulevard pernoctando en sus orillas con el aire somnoliento de una exposición de algas recién disecadas. Parecía que no iba a llover nunca, como siempre en ese cielo que amagaba a tirarse en picada pero que al final se resignaba a seguir flotando esponjoso allá arriba en el techo de la ciudad. 

“Qué irónico” – pensaba – “Tanto esperar que caiga la lluvia sin que caiga nada, esas nubes que se avergüenzan de su amenaza de tirarse a la mierda; y acá abajo alguien que también, que tanto amaga con tirarse y se pega media vuelta un segundo antes del último salto, otra vez a escurrirse por la calle gastando los zapatos en vez de desarmarse de lleno en el río. Pero esta vez estuve más cerca, por poco por fin, por muy poco el mundo al carajo y yo con él; y de vuelta media vuelta y al carajo con eso y el mundo en los pies; puta madre, encima esta calle que me esconde los bares – che, que alguno tiene que haber, alguno había por esta parte – así al menos ahogarse en cerveza o licor y tabaco y un pedo de los siete diablos y al cuerno con el trabajo mañana si total la resaca dolerá pero al menos me puedo mover por mi cuenta, no como el fondo del río que ahí no te podés ni mover”

Se pregunta cómo será la resaca del tirarse entonces, esa resaca que debe venir por las tripas y la cabeza después de tragarse la corriente por todos lados; que no debe doler, que a lo sumo subirá reptando por la garganta el mal gusto del gusto a desagüe público pero nada más que eso, nada más molesto que seguir caminando por esta tierra dándole la espalda al torrente, otra vez.

Los juegos brillantes de un rojo ebrio le llamaron la atención en seguida; puertas abiertas, poca gente a esa hora, una mesa panóptica en el fondo del patio donde destierran a los fumadores donde sólo quedaban algunas parejitas insoportablemente enamoradas y algunos viejos increíblemente verdes. Burbujas ascendiendo en el porrón frío, una hora y algo antes que corten el alcohol porque las leyes humanas no permiten olvidarse del mundo más allá de las cinco, salvo que elijas tirarte al río y emborracharte con el agua desembalsada del torrente y del desagüe; pero no, hay cosas peores que los relojes marcando las cinco, como por ejemplo el sol marcando el mediodía con la luz tirándose desde allá arriba encima de todo lo de acá abajo, o los baldazos inevitables de ruido citadino asediando los oídos en medio de la calle. 
Cuarenta y cinco grados poca espuma, para otro no alcanza mejor saborearlo. El pibe ya no quería soltar a la chica en la mesa veintitrés, y el viejo de la veintinueve ya no disimulaba el espionaje por detrás del diario. Llegan tres tipos con una mina vestida de suerte, que le sonríen y cada tanto le manotean la topografía que se hinchaba bajo la columna, se sientan en la treinta y dos y se les notan a la legua los ojos enrojecidos y los comentarios idiotas en medio del licor barato.

Enciende un cigarrillo y se ocupa en inspeccionar la minuciosa cara de culo de la mesera, parada en el portal del patio mirando el desparramo de mierdas, ansiando la caída de las cinco para que empiecen ya las mesas a purgarse. “A mí también me asquea todo esto” –piensa boca adentro-“pero se te nota que vos, a pesar de tener un ano facial no tenés nada que ver con toda esta mierda, vos no sos como nosotros, nos servirás la bebida pero para eso te pagan, nosotros ya venimos así, vivimos así.”
El cielo se ve atragantado de plumones anaranjados y esta lluvia que no viene, que tendría que venirse abajo de una vez y llenarle la panza al río para que se despierte, que se levante y se estire para limpiar este vómito mundial de una vez, dale, tirate lluvia, tirate al río así él se tira encima de todos estos que no tienen el coraje de tirarse (a pesar de que alguno lo intente cada tanto), tirate así el universo se limpia un poco, mirá la mugre que hay acá, che, no entiendo cómo podemos seguir viviendo así, no entiendo como puedo seguir viviendo si hace media hora estaba al borde de mandarme al carajo y todo venía tan bien, tan abajo, tan llevado por el agua.

Pero ahora las nubes habían comenzado su marcha hacia otra parte como una manada de elefantes adormecidos, y la cerveza fría seguía des-enfriándose y estancándose al fondo de la botella, al fondo del vaso que pisaba la servilleta de cuadros azules, que entremedio de las burbujas doradas le mostraba desde la culata una figura extraña, algo que parecía ser una iconografía de una persona, con los brazos pegados al cuerpo y las piernas bien juntas. Piensa que si el monigote aparecía de cabeza - como tirándose – o de costado – imitando el perfil de un pez – hubiera sido una señal, de esas que estiran imperiosamente el brazo señalando un horizonte, un fin y una recompensa con un solo dedo; pero el garabato aparecía cabeza arriba y pies en la tierra, lo que no podía ser sino el mundo burlándosele a través de la birra, anunciando que aún bajo el burbujeo alcoholémico seguiría teniendo los pies en la tierra porque así era el mundo de los vivos, patas abajo en el piso aunque todo se vea como flotando en globos de oro.

“A la mierda con esto” – protesta tirando al piso la servilleta con su oráculo impreso, vaciándose el vaso entero entre los dientes y las puteadas. Se sirve otros cuarenta y cinco grados y se los vuelve a tragar, y de vuelta el vaso lleno, y de vuelta el vaso vacío. Le hace señas a la moza que de momento deja a un lado la cara de culo para volver a ponérsela después de servirle otro porrón a la mesa del fondo. El viejo verdoso de la veintinueve mira cómo se vacían las botellas de la mesa, ya ida una, después otras dos, y ahora otra más para el olvido y el viejo agranda los ojos y se ríe para sí, viendo un par de ojos chorreando odio que lo miran perdidos entre las botellas, a lo que responde que –“Si tanto queré’ chupá’, andá’ tirate al río che”- y se levanta, media vuelta, paga y se retira. Lo ve caminar con el diario bajo el brazo haciéndose el canchengue, aguantando el deber inoportuno de partirle la ciática con la botella que tenía en la mano apenas se la hubiera expirado. Pero mientras se detiene piensa un poco y cae en la cuenta de que la billetera no le alcanzaba para cubrirle la cuenta; porque alcanzaba para una sola y no para cuatro o cinco.

Diestramente se pone de pie y se dirige al baño veinte metros adelante intentando disimular el tambaleo que le trepaba las rodillas. Entra como cualquiera, elige el cubículo más cercano y hace lo suyo, luego se lava la boca y las manos y se asoma a la puerta para encontrarse con que la moza les está cobrando a los de mesa treinta y dos; momento que aprovecha a todo lujo para rajarse por la puerta de enfrente haciéndose el qué, apenas en la esquina correr como la desgracia tres cuadras al norte. Con algo más de tranquilidad luego de haberse cubierto con una buena distancia enciende un cigarrillo y camina levemente las últimas cuadras hasta llegar a su pieza. “Había hablado de mugre” – se dice “portarse como una laucha me salvará a veces la billetera pero también me caga los chapuzones eternos; pero claro, a la suciedad no le gusta el agua, apenas caen dos gotas desde arriba ya corren todos a cubrirse como una manga de cucarachas –es que nadie se dio cuenta? -, qué irónico. Da igual, ahora nomás me toca la cafetera para lavarme de la garganta este pedo numbio antes de las ocho, que mañana – hoy, claro, ya es hoy – tengo que laburar, la comida no se hace sola y tampoco se puede pagar todo a la carrera che, de vez en cuando –pero más seguido- hay que hacer como todos para todo, total después mar adentro hacés la tuya.”

Dejaba que los pies se movieran por el sólo impulso de la pendiente, cada tanto sosteniéndose de alguna que otra reja de ventana para no irse a la mierda como piedra de montaña, total faltaban dos horas y media antes de tener que salir de la cueva allá en el fondo, antes que la calle terminara de poblarse de seres vivientes, que ya se los podía ver rondar en las veredas, dejando bolsas de basura en los canastos abalanzados a la calle, o haciendo cola en los negocios inexplicablemente abiertos.

Después de cerrar la puerta manoteó la taza del café, el café y el interruptor de la lámpara del escritorio, y encendiendo el anafe mira distraídamente el reloj colgado en la pared y hay tiempo, todavía queda tiempo para quemarse la garganta vertiéndose en la boca suavemente y de a pedazos el líquido despertador, hay tiempo para terminar el paquete de galletas abandonado en el estante, hay tiempo para llenarse los pulmones con uno o dos cigarros más. Pone el agua a calentar y se deja caer pesadamente sobre la silla y se va escurriendo hasta estancarse mientras estira la mano para alcanzar el paquete del estante y se lo trae consigo al fondo del asiento para empezar a purgarse con algo el alcohol que le corría por las tripas.

No aparta demasiado la vista del reloj, se entretiene observando el trayecto sumergente de las agujas remando del tres al nueve, respirando del diez al dos, y echándose al tanque de nuevo en el tres; y ya habría tiempo para volver al dos a la orilla del puente, a caminar y emborracharse del tres al cinco, a arrastrarse del seis al siete para luego salir y subir la pendiente a las ocho y pasarse hasta las doce en ese arriba insoportable tan cerca del sol, para a la una empezar otra vez a resbalarse camino del dos, del tres, del cinco y del fondo, ya habrá tiempo para ahogarse en el fondo de su río todos los días, con el precio de levantarse luego de entre las burbujas como un dibujo en una servilleta de papel viniendo al reflote, y de nuevo arrancarse al suelo y más abajo y subir y así poder bajar de nuevo. Tontamente cae en que buscar el río del puente ya no le sirve, que al final no lo necesita para embarrarse al fondo del agua cuando llegue de vuelta al uno o al dos, punto de partida para zambullirse y tirarse al reverso de la vida de la mugre en suciedad, para de nuevo, y de vuelta, y de su vida una cascada y a la mierda, total hay tiempo para lavarse e intentar ahogarse otro día entre botellas, reflotar y tirarse de una y otra vez, aún, aún hay tiempo para seguir viviendo.

lunes, 15 de diciembre de 2014

WELCOME TO THE DOLLHOUSE

Una pausa.

Una vista desde el balcón y encontrarse
de geta, con la población de pequeñas luminarias.

Qué contraste! La noche abraza gigantesca
y encierra en su domo el contraste

Ventanas, ventanitas. campanarios, entradas, techado reflejo
el bailar parsimónico de los árboles encajados en medio
(esos que de lejos hacen alucinar un tiranosaurio que se asoma)

Y la construcción humana que se alza,
que usurpa al horizonte su infinito
y detrás de cada espacio
cada una de estas aberturas

lejanas

chiquitas

las pequeñas existencias.
vidas. gentes. cosas.

Ésa será una Sandra que hoy se cocina sola, renaciendo de entre las cenizas del desengaño y el café;
allá caminará un tal Carlos que viene de guardar el auto en una escapada a escondidas de su señora;
acá arriba un grupo de jóvenes que adolecen de la semana de exámenes.

Porvenires inciertos, gracias, desgracias, fantasías, garrones.

Y yo el observador, de éste nido de miniaturas.

Supervisando apenas su estar, su distribución de árbol de navidad.
De estrellas en la tierra. De mundos, de hormigueros luminosos.

Y habrá alguien del otro lado de ésta ratonera. Observando.
Y yo seré otra vida de ventanilla.
Otra existencia de muñecas.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

LITTLE DETAIL

El mate fue perfecto, ni un solo pedazo de hoja flotando solitario ni un tronco queriendo naufragar.
Ninguna gota osó manchar la mesa ni la más olvidable baba se colgó de la bombilla. 
Hasta los criollitos se mantenían calentitos en la bandeja sin perder la suavidad de su delicia.

Pero una palabra malsonó en el oído. 
Una palabra completamente innecesaria, sin cortesía ni propósito aparente. 
Una palabra inútil. Una palabra de más

Un pequeño salto del esmalte se pronunció en medio de la fachada perfecta, y entonces. 

Una risa que irrumpe en medio de la función tan mesuradamente seria rompe el drama al ridículo, cuando se cae una ventana de la escenografía y vemos al payaso cabrón riéndose a escondidas.
A la vista de todos. 

De todos los que escucharon la risa, aquellos que por el rabillo del ojo denunciaron la chispa sin esmalte. Los que escucharon esa palabra inútil en medio del aire. 

Una palabra inútil? De más?

No. Toda palabra sirve de algo, y, por estúpida que venga a ser, es parte de algo. 
No hay palabras de más. Las hay que no resaltan a plena vista más que un detalle microscópico.
Pero no todo lo microscópico es insignificante.
Del microcosmo al macrocosmos, de tal a las unidades, elementos y cosmos, universos, galaxias.

Una palabra pronunció un universo que no pudo más que asomarse. 
Pero esa palabra fue su risa detrás del telón. 

El mate estuvo flojo y recontralavado, la mesa un enchastre y los galletones una piedra.

Y cuando se hubo terminado la obra y ni la noche alumbraba el escenario, todavía se escuchó la carcajada en medio del salón. 

domingo, 7 de diciembre de 2014

GOOD NIGHT

Es apenas un arrullo, un altibajo constante que emana entre nosotros. 
Afuera sirenas, viento, pasos, motores, palabrotas, lo que sea. No importa.
Eso es, afuera de esta ventana, de estas cuatro paredes y la puerta cerrada con llave. 

Un tinte azulado embarduna lo poco que se resiste a desvanecerse en sombra. 
Apenas unos planos blancos, de piel, de sábana y artilugios. 

<Y ya te despertarás, sin moverte> digo en silencio <Voy a poder verte a los ojos. Vas a saber, a contemplar conmigo lo sublime, podrías ver,,, podrías sentirlo todo,,,>

Pero. 

Nadie, nada, irrumpe el acto. El teatro se mantiene en silencio mientras se mantiene la función.
No hay espectadores. La función es tuya. El escenario abierto de par en par junto a esta luz que se atreve a tocarte, el azul dormido que te baña y la sombra en la que desvaneces, un poco más.
No hay sonido fuera de tu respiración. No hay movimiento más que tu pecho que respira. 
No hay más sensaciones que las tuyas, a momento, de tu propiedad absoluta y secreta. 

Y ese resplandor. Esos brillos tímidos que se unen al lienzo, qué delicia.

Me pongo al alcance de la luz intrusa, veme acompañándote, uniéndome a tu espectáculo. 

...

Tu brillo y sombra se muerden medida en que nos apodera el crescendo. 
Vente también a mi recuerdo, vente a éste pecho que tiene hambre del tuyo, dejate a estas
palmas que muerden tu cabeza, deja paso a ésta boca que a tu alma se dirige.

... Telón. 

Siento robarme algo que no me pertenece cuando termina la función. 
Antes de volver a la ausencia me despido de tu acto.
Sólo un beso en la sombra.


<Buenas noches>

sábado, 18 de octubre de 2014

JOY

<<se oye el tipeo de la lluvia en la ventana, el triklig-tikling en el techo, la verborragia cacofónica de las canaletas>>

Sobre la mesa hay un par de tazas vacías, partes, tornillos, algunas herramientas, algunos papeles garabateados, un cenicero, algunas botellas vacías, unos frascos con "cosas".

Un velador enclenque vomita su mancha de luz sobre el tablero; ilumina unos cuantos dedos que manipulan un *algo* indescifrable. 

- Mmmm no, esta no encaja. Y ésta? A ver... sí, un poco mejor, sí. 

<<hay otro resplandor que se estira desde un rincón, hay otra presencia que va y viene>>

- Fijate si el agua se calentó ya. No tiene que hervir-

- Creo que sí, ya está. Uso esto de acá arriba?-

- Sí. Pero dejalo un rato que se estanque, que tome cuerpo -

- Cuánto, más o menos?-

- Alcanzame un leño, cuando lo termine ya va a estar -

- Acá. Te ayudo con eso?-

- No, dejá, ya va a salir. Arrimate un banco, sentate un poco -

Mira. Juega un poco con los dedos. Mira, tararea por adentro.

- Molesta si prendo un disco? -

- No, mejor así. No me gusta que te aburras tampoco -

 - No me aburro - saca un disco, pone otro, baja la aguja - Es otra cosa -
<<Del disco a la aguja, de la aguja a los cables, de los cables a las bocinas, sale música>>

- Mmm... así, mejor, sí. A ver con ésto... Otra cosa, decís? Como qué?

- Como.... nada, un vacío. Que soy un vacío -

- No sos un vacío. Sos un algo. Pusiste Schubert? -

-Sí, una cortita. Un algo que no hace, es como si no estuviera. Un vacío. -

- Fijate el agua, ya tiene que estar. Pero sí hacés, sí estás. -

Trae el jarro, llena las tazas. Cambia el disco, se sienta, mira.
- Qué estoy haciendo entonces?-

- Compañía. Estás haciéndome compañía. Pasame el destornillador que tenés ahí -

Hace. Sonríe. Se mira las piernas, las mueve al compás.

- Ya casi. *sorbo* Cerramos esto... Hmm.. Beethoven?-

- Sí, la novena, una parte.- Mira. Sonríe - Terminaste. Puedo? -

- Sí, por ahora sí. Tomá nomás, dejalo salir después nomás. -

Lo toma entre las manos, se levanta. Hace que baila. Tararea. Sonríe.
- Deine Zauber binden bieder.♫.. Qué lindo que es! .. Was die Mode streng geteilt.♪.. Qué hace?

- Hacer? Lo que quiera, qué se yo.
- No lo hiciste para algo?
- Lo único que tiene que hacer es ser libre. 

Mira con cierto brillo. Sonríe. Lo lleva hasta la ventana y lo deja salir. 
 Lo mira mientras se pierde curioso entre los trastos del desarmadero. 
Ella se vuelve, tararea y da vueltas como bailando.  



<<Apenas parece que llueve ya. Desde fuera se ve alguien bailando en medio del taller. Se oye música, alguien canta.>> 

-♫Wem der grösse Wurf gelungen, eines Freundes Freund zu sein..♪.

sábado, 11 de octubre de 2014

...QUÉ?

Un poco aquí,
un poco allá,
no hay mucho de este lado.


-croc-croc- 


Algo cruje al pasar. 
Esta superficie hecha de montones, 
centenares de váyase a saber qué cantidad de. 

-croc-croc-


Pienso que la grava de los estacionamientos hacía el mismo ruido. 
Pienso que suena como estar acompañado, una multitud pasos junto a los míos. 
Ecos. Co-Incidencias. 
Por un momento se siente como la tierra de un camino, y sí, lo es, el último.

Camino, acompañado, ecos, co-incidencias, multitudes, estacionamiento.

-croc-croc- 


El viento no hace ruido, y apenas se siente soplar. 
Está acá, caminando igual que yo, paseando a paso tendido, en silencio (tampoco hay mucho qué decir) más que un suspiro de tanto en tanto, bufar despacito cuando se encuentra algo vacío.

Me pregunto qué estará buscando el viento en un lugar como éste. 
Quizás algo que se le ha perdido, quizás algo que ha olvidado. 

Quizás busca lo mismo que yo.

-croc-croc- 

Nada por aquí,
nada por acá,
y acá... tampoco.

Sentarse por el momento, estirar un poco las piernas, bombear un poco de humo con los ojos cerrados. Pausa de mirar, de mirar, y no ver nada. Nada más que vestigios, espejismos, naufragios, tiempos terminados.

(el viento toma un hilo de humo y lo jala para arriba) 
- No, viento. 
(se acerca, revolotea un poco al costado)

- Los perros del desarmadero no miramos al cielo, viento, ya lo tendrías que saber. 
Lo de arriba lo sabemos, es aire, luz, y humo; no es lo que buscamos. 
Es distraernos, para nada, por la nada. 

<<bbbbbbhhhhhssssss> >

No sé bien, viento. Me daré cuenta cuando lo encuentre. 
Sea lo que sea está acá, entre la chatarra.

Está acá. Igual que yo. 


lunes, 14 de julio de 2014

DOWNLOAD - ((PROGRAM part.2))-

De a poco, de a poco.

"....Just a little bit,, just a lil' bit...." ♪
No lo fuerces, (no demasiado). 
De a poco, de a poco el flujo sigue transmitiendo y los átomos se agrupan, 
-ves?
llenan más y más el aire que se va haciendo visible, la luz ya no pasa de largo 

y va mojando las líneas, los amagos.  
....la luz ya no pasa de largo

De a poco, de a poco el aire en niebla, 
un borrón desenfocado lucha -ves?- por hacerse firme. 

Convertirse en fantasma. 
-fuf!
En forma tironeada 

y [casi] sin cuerpo.

Así, de a pedazos, llega. 
....y así se irá
Se sienta en el sillón como cualquiera, prepara el mate y la función puede comenzar,
cuando quieras. 

Cuando
                        Quieras.
                                              Puede comenzar,
                                                                                la función.



---((-sssh!....prepará el mate))---

domingo, 13 de julio de 2014

[RE]SEARCH - ((PROGRAM part.1))-

-kling! -kling! 

Un ruido desde el fondo. Un repique, apenas,
llega como en puntas de pie, tímido,.......... pequeño,
                                                                                                       ..... pequeño.



Allá atrás había de todo. Hacía rato que nadie entraba y la puerta continuaba la pared como si nada, detrás los papeles desperdigados, cajas humedecidas de cartón viejo y cachivaches olvidados.


Olvidados. 




Uno en especial.



- kling! -kling!                  


No hay nada despierto a esta hora. En años alguien había cruzado esa puerta.

Qué se habrá olvidado ahí, que ahora vive?


- kling!                                           


No hay cerradura ni llave. La puerta siempre estuvo cerrada, siempre estuvo abierta.



La mitad del ruido es un vidrio, fino, agudo.

Al parecer había una ventana atrás de tantas cajas, de tantos cachivaches.
((pero uno en especial))


- Kling! - Kling!



Parece que mira, o que quiere; por la ventana, por encima de las cajas cuando doy unos pasos más.

    - Kling! ...................................................................................silencio.

...

...


- -digo- yo también me había olvidado.