jueves, 5 de marzo de 2015

RECICLE [BIN]

Una forma. Algo que sobresale de un sueño que se borró.

No reconozco la cara que vi en la niebla. Reconozco sus facciones. 

Un manojo de líneas. 

Dos rectas que se notan a los lados de la nariz, que se unen a las que se pronuncian descendiendo los pómulos. 
De los vértices dos semirectas más bajan hasta los lados de un mentón afilado. 

Los catetos de la mandíbula encierran una sombra estirada. 

La juntura superior de los párpados deja una sombra natural que parece haber sido pintada por alguien más. 

El pelo revuelto y retorcido como una esponja de acero. Opaco.

Un encuadre que, sin saberlo, sigo buscando en la quimera multitudinaria. 

Quizás, alguien más.

Pero el mar de gente se revuelve y se regurgita a sí mismo, casi reciclándose (casi).

Quién. Dónde. 

Hasta cuándo revolver los papeles buscando alguna cosa perdida si al fin de las cuentas los números arden al rojo y no hay una sola gota de aire que respire más allá de la atmósfera de humo que circula en éste cielorraso mío, en éste escondite más allá de las miradas y las palabras que nadie, hasta ahora, ha vuelto a decir. 


El bosquejo que trazo excavando mis recuerdos me mira inerte desde una hoja mal arrancada. 

<suspiro>
   - "Ya, para qué...".



jueves, 26 de febrero de 2015

EMPTY

Cerrar la puerta, una luz tenue y apenas abierta la ventana. 
Escaparse un rato del agua y la prensa sensacionalista. Buscar el refugio interior escarbando entre la sombra y el humo del cigarrillo; como si realmente.

...

Éste humo que nadie ve subir, su olor a tabaco quemado que me inunda la pieza (alguien va a quejarse por eso más tarde (y no voy a ser yo)), existe, acaso, para otros ojos más allá de los míos? 

Sólo mi vista contempla su ascender ondulado, mis sentidos que captan vagamente el gusto y el aroma cálidos y amargos que conlleva; pero no hay otra conciencia habitando en estas cuatro paredes. Ninguna otra más que ésta que fuma y se adjudica una pausa del mundo perro. 

...

Las sábanas en cualquiera desparramadas en el colchón vacío de cuerpos, el cenicero que rebalsa, el tentilador de piso mirando la pared. 

Una sola silla, vacía, en la mesa decrépita de la ventana. 
Otra silla única se abre del escritorio, vacía, bañada en luz de pantalla. 

Mate amargo, caliente, lavado ya. 

...

Ésta presencia que fuma, que huye. 
Existe, acaso, para otro presenciar más que el mismo? 

...

Sólo una consciencia habita este espacio.  


domingo, 15 de febrero de 2015

IDENTIDAD [ I ]

Las cosas por su nombre carajo, a mí yo y a eso, eso.

Poseído por un hambre incurable, seguía y seguía desgajando el voluminoso espejo empapelado, para ir descubriendo el reflejo detrás de las manchas negras.

((Pero no…))

Yo creía el reflejo, (yo) a medida que me tragaba las manchas oscuras iba viendo el reflejo y cada vez estaba más seguro de esa silueta, de que esa figura, pegada, moviéndose en el vidrio papeloso era mi existencia predecida, predicha, creada antedicha, pero no.

No.

No, carajo.

Ni merde.

Casi a la mitad, tal vez menos, llegó inadvertido el vértice, las líneas se separándose progresivamente con el avance del camino

(Pero yo pensé que era la silueta, (pero no)).

Nada que ver.

La línea siguió su curso, y yo que quería que volviera a acercarse, de vuelta, vuelve, volver, y nada, y la línea indiferente, muerta, sigue de largo, y me deja plantado en la lluvia, empapado y con el cadáver de un niño en brazos.

Un hijo de puta.


Maldito, maldito Horacio.

Me dijeron de vos, que yo, que era vos, pero no, sos un hijo de puta Horacio, y que te pudras abajo de un puente, por hijo de puta, yo seré hijo de puta pero me ganás Horacio, me das asco.

Sos hombre.

Como todos los hombres.

No somos.

No sos,
vos,
de mí,
en absoluto,
nada.  


Punto. - [Forro]

lunes, 9 de febrero de 2015

LA MURGA DE LOS INMORTALES

“Eso que pensás está bueno” – me dijeron una tarde– “Pero no te ofendas si te digo que es más de lo mismo”

En cierta forma tenían razón. 

Sin saberlo habían rozado las capas del desarmadero. Pero claro, quién sabe realmente lo que es el desarmadero, sino quien lo lleva dentro, e irremediablemente, vive en él. 

El dilema de la creación del arte nunca ha sido fácil, por lo menos, desde que la tarea del artista comenzó a basarse en "el exilio del paraíso". El renacimiento, el romanticismo, el realismo. Grandes obras minuciosamente forjadas por míticos herreros de la forma que buscaban la imagen y semejanza de su dios, y al mismo tiempo, imaginando y asemejando al dios a sí mismos. Tomar, por medio de una elucubrada fusión, su lugar en el trono inmaculado. 
 
El hombre había creado un refugio en el arte, su Olimpo, donde no se debía responder a los asuntos humanos sino a lo divino, el cielo le esperaba a los artistas que habían de recrear en la tierra el reino de los dioses, pero todo cambió cuando el vanguardismo atacó.

Éstos los últimos emisarios del éxodo, nihilistas de las métricas y los estatutos confiables, los exiliados de las tierras del orden y la figura divina; críticos desde el trazo, desconfiados de la tinta y el papel. 

[…]“la ciudad cuyo nombre se había dilatado hasta el Ganges, nueve siglos haría que los Inmortales la habían asolado. Con las reliquias de su ruina erigieron, en el mismo lugar, la desatinada ciudad que yo recorrí: suerte de parodia o reverso y también templo de los dioses irracionales que manejan el mundo y de los que nada sabemos”[…] (El Inmortal – J. L. Borges)

La ciudad de los inmortales, erigida en el arte desde los tiempos de Homero, ahora en ruinas y patas para arriba por el magnífico delirio vanguardista, rebelarse contra los ángulos y las reglas, alzarse contra la tiranía de la belleza arquitectónica de los dioses, y darle cuerda al sinfín de los “disparates” más hermosos del mundo. 

Durante mucho tiempo, demasiado tiempo, el arte ha sido sinónimo de revolución. Pero ahora que los ángeles de Rafael y las Majas de Goya se exponen crucificadas en las plazas municipales, dónde desencadena la utopía?

El orden histórico de los humanos demanda la misma lógica: Construir hasta llegar al cúlmine, hasta el hartazgo; y cuando ya no se pueda ya avanzar, volver hacia atrás y arrasar todo lo que se haya levantado en el camino, y con sus ruinas erigir los nuevos monumentos, las nuevas reglas, los nuevos castillos, hasta el cúlmine y el hartazgo, y otra vez. Al revés. 

Ahora nos vemos en el borde de la herrumbre, recorriendo los desquiciados pasillos de la última fundación de los Inmortales. Aún en estos días los artistas siguen rebelándose contra las sombras del pasado, sin darse cuenta que la revolución ya había perdido sentido desde que erigimos en la cúspide del Olimpo a las latas de Manzoni, y hace ya medio siglo que la murga de los renegados sigue intentando tocar el cielo, a pesar de haber destruido todo horizonte palpable. ¿Qué nos queda ahora? Dónde nos ha desembocado ésta revolución sino en el desamparo, al viaje de ya cuántos años por el desierto de la negación, “esto no es”, “esto ya se hizo”, “es más de lo mismo”.

[…]“arriba y abajo no quieren decir gran cosa cuando ya no se sabe dónde se está”[…] (Me caigo y me levanto – J. Cortázar)

Ya no hay tierra prometida que espere, estamos en la nada del todo. 

¿Y ahora? 

No estamos hablando de olvidar el desquicio heredado, sino de otra cosa, la hoja en blanco, posicionar los lápices y las plumas más allá del bien y del mal, encontrar el tercer lado del espejo. Imposible darse el lujo de re-construir una ciudad sumida en polvo e inmaculadas letrinas; sino construir desde cero. Basta de re-nacimientos y r-evoluciones

Nacer, construir y evolucionar; todo un mundo en blanco por delante. 

La dicotomía del todo y la nada ya no existe, estamos en todos lados y en ninguno a la vez. 

El punto perfecto, la pura posibilidad.

domingo, 1 de febrero de 2015

ECO QUE..



Y ahora por qué…?

A qué viene éste vértigo al derrumbe, el eclipse final donde nunca más y todo se funde al negro? Si no se puede más no habría que, pero sin importarlo hay que, y todo que, puro que, maldito que. Por más que, no se puede llegar a hacer que. Menudo embrollo el de este juego ajeno, esta máquina a la que todavía (y tanto tiempo ya) no logro acostumbrarme. No es mi organismo, pero que, y aún así que, así que. Una mancha azul sustituye el cielo nocturno, las visitas diurnas, el confort infinito de un ramo de imaginaciones.

Sólo el que, por que, para que. Cómo: así. Cuándo: ya. Adiós al uno mismo, invasión de los otros, del Otro, de lo otro que no es, que no, que.

Un espíritu se asfixia.

Una lágrima no se entiende.

Para qué? No se entiende; se pregunta, nadie lo sabe. Nadie, todo mundo sigue camino sin preguntar, resignación y cabeza firme marchando al son del tictaqueo normal, normativo, universal reglamentario porque los que alguna vez. Mire a los costados antes de cruzar, cuántos más en el sendero de la herrumbre? Cómo contarlos siquiera si con una palabra injustamente única se puede decir “todos”?

Nada más? Nadie más?

Vigilantes frente al rejado blanco; por fuera se adivinan miradas y desvaríos del interior de las paredes pintadas. El asilo de los libres, de los que quisieron ser pero cuyo molde se atribuyó al error, al desatino, a la locura. Extrañable verles las caras juguetones en años inocentes, de seguro, antes que. Y si hubiera, si no hubieran, para que ahora, pero que.

Cierre la boca. Asienta y asista al verdugueo.

Cuerpo y nervio que se rompe. Muchos espíritus que se asfixian.



Llantos que no entienden qué.

sábado, 31 de enero de 2015

MEMORY



Te das cuenta de lo que estás mirando? No, no lo sabés. No tendrías forma de saberlo, claro, si las cosas se dieron con la arrolladora gracia de los trenes, estruendosos y a la carrera, allá a lo lejos; y creíste escuchar la sirena cuando te ibas a dormir, creíste haber sentido el temblor de la locomotora vibrando hasta la cama, pero no podías saberlo de todas formas, de ninguna, casi, a menos que hubieras estado ahí, ahí dentro, encauzado en los vagones, viviendo el recorrido sísmico del que ahora ves las grietas. No, no podés culparte. ¿Cómo ibas a saber, vos que te ibas a dormir temprano para levantarte al amanecer para ir a estudiar, que allá a lo lejos las cosas se crujían y se desvanecían en las noches? Ahora, mirando el vacío que hay dentro de las fisuras, no hay razón para asumir culpas de nadie. El tren pasó, y se fue; quizás estuvo programado en algún lugar e incluso hubo pasajeros que se subieron además de la carga y quien se habrá fugado, tal vez también hubo colados y algunos ladrones, ¿cómo negarlo, si pudo haber pasado cualquier cosa, si vos no viste nada? Una estación que partió del pasado, del momento con destino a la noche, a las estrellas, a su deslumbrante olvido. Quizás, pero vos podés todavía ver la noche y los rastros del camino; pero la carga, los colados, los ladrones y la locomotora rabiosa que pasaron ya no pueden verte más, ¿o sí?

Pensar si algún pasajero dio vuelta la cara hacia la casa donde te acostabas temprano, si los que se colaban pensaban en tu amanecer o si algún ladrón pensaba en lo que el tren te estaba llevando; pensar si quien se daba a la fuga en ese tren estaba pensando en vos, o si te le ocurriste en algún momento, por ocurrencia, o por desastre. 

Basta, suficiente, demasiado. Levantate, dejá de gritar y secate las lágrimas; no vale la pena reclamarle a los rieles por los recuerdos que se escaparon en el vagón, los trenes son sordos, no te van a hacer caso. Ellos están atados al tiempo y la herrumbre, hacen su recorrido en secreto con sus horarios impredecibles sin falta alguna en ningún andén, ellos cargan y llevan; no te van a escuchar. Pero como en todos los trenes, todo lo que sube, tiene que bajar. 

Destino: la noche, las estrellas y el olvido; por favor enseñe su ticket al vigilante del vagón, esté atento a las distintas paradas, no vaya a pasarse ni perderse de estación. Quizás algún viajante, algún paquete seguirá rondando por la sombra más allá del sol, quizás los rumbos de todo sigan mezclándose, quizás, a media madrugada o acostándote temprano vuelvas a encontrarte con uno de estos recuerdos que se fueron, quizás alguno se quede a tomar un café o te muestre las fotos de la familia que formó en el extranjero o se pague un asado para los pibes. 



Sólo en ése instante puedo permitirte que llores, no mucho, sólo un par de lágrimas de flor, en el momento justo de decir –“¡Qué bueno volver a verte, qué bueno haberte conocido!”-