Cerrar la puerta, una luz tenue y apenas abierta la ventana.
Escaparse un rato del agua y la prensa sensacionalista. Buscar el refugio interior escarbando entre la sombra y el humo del cigarrillo; como si realmente.
...
Éste humo que nadie ve subir, su olor a tabaco quemado que me inunda la pieza (alguien va a quejarse por eso más tarde (y no voy a ser yo)), existe, acaso, para otros ojos más allá de los míos?
Sólo mi vista contempla su ascender ondulado, mis sentidos que captan vagamente el gusto y el aroma cálidos y amargos que conlleva; pero no hay otra conciencia habitando en estas cuatro paredes. Ninguna otra más que ésta que fuma y se adjudica una pausa del mundo perro.
...
Las sábanas en cualquiera desparramadas en el colchón vacío de cuerpos, el cenicero que rebalsa, el tentilador de piso mirando la pared.
Una sola silla, vacía, en la mesa decrépita de la ventana.
Otra silla única se abre del escritorio, vacía, bañada en luz de pantalla.
Mate amargo, caliente, lavado ya.
...
Ésta presencia que fuma, que huye.
Existe, acaso, para otro presenciar más que el mismo?
...
Sólo una consciencia habita este espacio.
jueves, 26 de febrero de 2015
domingo, 15 de febrero de 2015
IDENTIDAD [ I ]
Las
cosas por su nombre carajo, a mí yo y a eso, eso.
Poseído
por un hambre incurable, seguía y seguía desgajando el voluminoso espejo
empapelado, para ir descubriendo el reflejo detrás de las manchas negras.
((Pero
no…))
Yo
creía el reflejo, (yo) a medida que me tragaba las manchas oscuras iba viendo
el reflejo y cada vez estaba más seguro de esa silueta, de que esa figura,
pegada, moviéndose en el vidrio papeloso era mi existencia predecida, predicha,
creada antedicha, pero no.
No.
No,
carajo.
Ni
merde.
Casi
a la mitad, tal vez menos, llegó inadvertido el vértice, las líneas se separándose
progresivamente con el avance del camino
(Pero
yo pensé que era la silueta, (pero no)).
Nada
que ver.
La
línea siguió su curso, y yo que quería que volviera a acercarse, de vuelta,
vuelve, volver, y nada, y la línea indiferente, muerta, sigue de largo, y me
deja plantado en la lluvia, empapado y con el cadáver de un niño en brazos.
Un
hijo de puta.
Maldito,
maldito Horacio.
Me
dijeron de vos, que yo, que era vos, pero no, sos un hijo de puta Horacio, y
que te pudras abajo de un puente, por hijo de puta, yo seré hijo de puta pero
me ganás Horacio, me das asco.
Sos
hombre.
Como
todos los hombres.
No
somos.
No
sos,
vos,
de
mí,
en
absoluto,
nada.
Punto.
- [Forro]
lunes, 9 de febrero de 2015
LA MURGA DE LOS INMORTALES
“Eso que pensás está bueno” – me dijeron una tarde– “Pero no te ofendas si te digo que es más de lo mismo”
En cierta forma tenían razón.
Sin saberlo habían rozado las capas del desarmadero. Pero claro, quién sabe realmente lo que es el desarmadero, sino quien lo lleva dentro, e irremediablemente, vive en él.
El dilema de la creación del arte nunca ha sido fácil, por lo menos, desde que la tarea del artista comenzó a basarse en "el exilio del paraíso". El renacimiento, el romanticismo, el realismo. Grandes obras minuciosamente forjadas por míticos herreros de la forma que buscaban la imagen y semejanza de su dios, y al mismo tiempo, imaginando y asemejando al dios a sí mismos. Tomar, por medio de una elucubrada fusión, su lugar en el trono inmaculado.
El hombre había creado un refugio en el arte, su Olimpo, donde no se debía responder a los asuntos humanos sino a lo divino, el cielo le esperaba a los artistas que habían de recrear en la tierra el reino de los dioses, pero todo cambió cuando el vanguardismo atacó.
Éstos los últimos emisarios del éxodo, nihilistas de las métricas y los estatutos confiables, los exiliados de las tierras del orden y la figura divina; críticos desde el trazo, desconfiados de la tinta y el papel.
[…]“la ciudad cuyo nombre se había dilatado hasta el Ganges, nueve siglos haría que los Inmortales la habían asolado. Con las reliquias de su ruina erigieron, en el mismo lugar, la desatinada ciudad que yo recorrí: suerte de parodia o reverso y también templo de los dioses irracionales que manejan el mundo y de los que nada sabemos”[…] (El Inmortal – J. L. Borges)
La ciudad de los inmortales, erigida en el arte desde los tiempos de Homero, ahora en ruinas y patas para arriba por el magnífico delirio vanguardista, rebelarse contra los ángulos y las reglas, alzarse contra la tiranía de la belleza arquitectónica de los dioses, y darle cuerda al sinfín de los “disparates” más hermosos del mundo.
Durante mucho tiempo, demasiado tiempo, el arte ha sido sinónimo de revolución. Pero ahora que los ángeles de Rafael y las Majas de Goya se exponen crucificadas en las plazas municipales, dónde desencadena la utopía?
El orden histórico de los humanos demanda la misma lógica: Construir hasta llegar al cúlmine, hasta el hartazgo; y cuando ya no se pueda ya avanzar, volver hacia atrás y arrasar todo lo que se haya levantado en el camino, y con sus ruinas erigir los nuevos monumentos, las nuevas reglas, los nuevos castillos, hasta el cúlmine y el hartazgo, y otra vez. Al revés.
Ahora nos vemos en el borde de la herrumbre, recorriendo los desquiciados pasillos de la última fundación de los Inmortales. Aún en estos días los artistas siguen rebelándose contra las sombras del pasado, sin darse cuenta que la revolución ya había perdido sentido desde que erigimos en la cúspide del Olimpo a las latas de Manzoni, y hace ya medio siglo que la murga de los renegados sigue intentando tocar el cielo, a pesar de haber destruido todo horizonte palpable. ¿Qué nos queda ahora? Dónde nos ha desembocado ésta revolución sino en el desamparo, al viaje de ya cuántos años por el desierto de la negación, “esto no es”, “esto ya se hizo”, “es más de lo mismo”.
[…]“arriba y abajo no quieren decir gran cosa cuando ya no se sabe dónde se está”[…] (Me caigo y me levanto – J. Cortázar)
Ya no hay tierra prometida que espere, estamos en la nada del todo.
¿Y ahora?
No estamos hablando de olvidar el desquicio heredado, sino de otra cosa, la hoja en blanco, posicionar los lápices y las plumas más allá del bien y del mal, encontrar el tercer lado del espejo. Imposible darse el lujo de re-construir una ciudad sumida en polvo e inmaculadas letrinas; sino construir desde cero. Basta de re-nacimientos y r-evoluciones.
Nacer, construir y evolucionar; todo un mundo en blanco por delante.
La dicotomía del todo y la nada ya no existe, estamos en todos lados y en ninguno a la vez.
El punto perfecto, la pura posibilidad.
domingo, 1 de febrero de 2015
ECO QUE..
Y ahora por qué…?
A qué viene éste vértigo al derrumbe, el eclipse final donde nunca más y todo se funde al negro? Si no se puede más no habría que, pero sin importarlo hay que, y todo que, puro que, maldito que. Por más que, no se puede llegar a hacer que. Menudo embrollo el de este juego ajeno, esta máquina a la que todavía (y tanto tiempo ya) no logro acostumbrarme. No es mi organismo, pero que, y aún así que, así que. Una mancha azul sustituye el cielo nocturno, las visitas diurnas, el confort infinito de un ramo de imaginaciones.
Sólo el que, por que, para que. Cómo: así. Cuándo: ya. Adiós al uno mismo, invasión de los otros, del Otro, de lo otro que no es, que no, que.
Un espíritu se asfixia.
Una lágrima no se entiende.
Para qué? No se entiende; se pregunta, nadie lo sabe. Nadie, todo mundo sigue camino sin preguntar, resignación y cabeza firme marchando al son del tictaqueo normal, normativo, universal reglamentario porque los que alguna vez. Mire a los costados antes de cruzar, cuántos más en el sendero de la herrumbre? Cómo contarlos siquiera si con una palabra injustamente única se puede decir “todos”?
Nada más? Nadie más?
Vigilantes frente al rejado blanco; por fuera se adivinan miradas y desvaríos del interior de las paredes pintadas. El asilo de los libres, de los que quisieron ser pero cuyo molde se atribuyó al error, al desatino, a la locura. Extrañable verles las caras juguetones en años inocentes, de seguro, antes que. Y si hubiera, si no hubieran, para que ahora, pero que.
Cierre la boca. Asienta y asista al verdugueo.
Cuerpo y nervio que se rompe. Muchos espíritus que se asfixian.
Llantos que no entienden qué.
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