Una pausa.
Una vista desde el balcón y encontrarse
de geta, con la población de pequeñas luminarias.
Qué contraste! La noche abraza gigantesca
y encierra en su domo el contraste
Ventanas, ventanitas. campanarios, entradas, techado reflejo
el bailar parsimónico de los árboles encajados en medio
(esos que de lejos hacen alucinar un tiranosaurio que se asoma)
Y la construcción humana que se alza,
que usurpa al horizonte su infinito
y detrás de cada espacio
cada una de estas aberturas
lejanas
chiquitas
las pequeñas existencias.
vidas. gentes. cosas.
Ésa será una Sandra que hoy se cocina sola, renaciendo de entre las cenizas del desengaño y el café;
allá caminará un tal Carlos que viene de guardar el auto en una escapada a escondidas de su señora;
acá arriba un grupo de jóvenes que adolecen de la semana de exámenes.
Porvenires inciertos, gracias, desgracias, fantasías, garrones.
Y yo el observador, de éste nido de miniaturas.
Supervisando apenas su estar, su distribución de árbol de navidad.
De estrellas en la tierra. De mundos, de hormigueros luminosos.
Y habrá alguien del otro lado de ésta ratonera. Observando.
Y yo seré otra vida de ventanilla.
Otra existencia de muñecas.
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