Es apenas un arrullo, un altibajo constante que emana entre nosotros.
Afuera sirenas, viento, pasos, motores, palabrotas, lo que sea. No importa.
Eso es, afuera de esta ventana, de estas cuatro paredes y la puerta cerrada con llave.
Un tinte azulado embarduna lo poco que se resiste a desvanecerse en sombra.
Apenas unos planos blancos, de piel, de sábana y artilugios.
<Y ya te despertarás, sin moverte> digo en silencio <Voy a poder verte a los ojos. Vas a saber, a contemplar conmigo lo sublime, podrías ver,,, podrías sentirlo todo,,,>
Pero.
Nadie, nada, irrumpe el acto. El teatro se mantiene en silencio mientras se mantiene la función.
No hay espectadores. La función es tuya. El escenario abierto de par en par junto a esta luz que se atreve a tocarte, el azul dormido que te baña y la sombra en la que desvaneces, un poco más.
No hay sonido fuera de tu respiración. No hay movimiento más que tu pecho que respira.
No hay más sensaciones que las tuyas, a momento, de tu propiedad absoluta y secreta.
Y ese resplandor. Esos brillos tímidos que se unen al lienzo, qué delicia.
Me pongo al alcance de la luz intrusa, veme acompañándote, uniéndome a tu espectáculo.
...
Tu brillo y sombra se muerden medida en que nos apodera el crescendo.
Vente también a mi recuerdo, vente a éste pecho que tiene hambre del tuyo, dejate a estas
palmas que muerden tu cabeza, deja paso a ésta boca que a tu alma se dirige.
... Telón.
Siento robarme algo que no me pertenece cuando termina la función.
Antes de volver a la ausencia me despido de tu acto.
Sólo un beso en la sombra.
<Buenas noches>
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