Las
cosas por su nombre carajo, a mí yo y a eso, eso.
Poseído
por un hambre incurable, seguía y seguía desgajando el voluminoso espejo
empapelado, para ir descubriendo el reflejo detrás de las manchas negras.
((Pero
no…))
Yo
creía el reflejo, (yo) a medida que me tragaba las manchas oscuras iba viendo
el reflejo y cada vez estaba más seguro de esa silueta, de que esa figura,
pegada, moviéndose en el vidrio papeloso era mi existencia predecida, predicha,
creada antedicha, pero no.
No.
No,
carajo.
Ni
merde.
Casi
a la mitad, tal vez menos, llegó inadvertido el vértice, las líneas se separándose
progresivamente con el avance del camino
(Pero
yo pensé que era la silueta, (pero no)).
Nada
que ver.
La
línea siguió su curso, y yo que quería que volviera a acercarse, de vuelta,
vuelve, volver, y nada, y la línea indiferente, muerta, sigue de largo, y me
deja plantado en la lluvia, empapado y con el cadáver de un niño en brazos.
Un
hijo de puta.
Maldito,
maldito Horacio.
Me
dijeron de vos, que yo, que era vos, pero no, sos un hijo de puta Horacio, y
que te pudras abajo de un puente, por hijo de puta, yo seré hijo de puta pero
me ganás Horacio, me das asco.
Sos
hombre.
Como
todos los hombres.
No
somos.
No
sos,
vos,
de
mí,
en
absoluto,
nada.
Punto.
- [Forro]
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